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martes, 15 de enero de 2008

Quisiera tener varias sonrisas


Concha Méndez
Quisiera tener varias sonrisas de recambio
y un vasto repertorio de modos de expresarme.
O bien con la palabra, o bien con la manera,
buscar el hábil gesto que pudiera escudarme...

Y al igual que en el gesto buscar en la mentira
diferentes disfraces, bien vestir el engaño;
y poder, sin conciencia, ir haciendo a las gentes,
con sutil maniobra, la caricia del daño.

Yo quisiera ¡y no puedo! ser como son los otros,
los que pueblan el mundo y se llaman humanos:
siempre el beso en el labio, ocultando los hechos
y al final... el lavarse tan tranquilos las manos.


Sirva una imagen de Jacovenko para ilustrar Quisiera tener varias sonrisas de Concha Méndez. Concepción Méndez Cuesta, nació en Madrid el 27 de julio de 1898. Campeona de natación y de gimnasia, fue durante su juventud una viajera incansable: a los 21 años estuvo en Londres y a los 31 en Buenos Aires y Montevideo. Conoció a su primer novio, Luis Buñuel, en San Sebastián. El noviazgo duró cinco años pero el control machista que quería ejercer Buñuel sobre su persona y su creatividad, la llevó a romper la relación. Amiga de juventud de Rafael Alberti, Federico García Lorca y Luis Cernuda, se le considera miembro del Grupo del 27. Tenía 33 años cuando conoció al poeta y editor Manuel Altoaguirre con quien se casó y marchó a Londres, donde nació su hija Paloma. Sus testigos de boda fueron García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Luis Cernuda y Jorge Guillén. La pareja edita libros y revistas que difunden la obra de Miguel Hernández, Miguel de Unamuno, Pedro Salinas y de toda la generación del 27, entre quienes se encuentran ellos mismos. Durante la Guerra Civil Española se exilian a París donde les recibe Paul Éluard y donde Concha empieza a publicar obras para teatro. En 1939 se establecen en La Habana donde montan su imprenta y publican sus propios escritos. Y en 1944 parten a México donde se divorcian. Durante los siguientes 35 años Concha Méndez siguió viviendo en México pero no publicó ni una línea, hasta 1979 en que aparece su último libro, Vida o Río. Muere en México en diciembre de 1986.



Entre los libros de Concha Méndez destacan Inquietudes (Madrid, 1926), Surtidor (Madrid, 1928), Canciones de mar y tierra (Buenos Aires, 1930), Vida a vida (Madrid, 1932), Niño y sombras (Madrid, 1936), Lluvias Enlazadas (La Habana, 1939) y Villancicos de Navidad (México, 1944). En 1990 James Valender publica una autobiografía de Concha Méndez (Memorias habladas, memorias armadas) basada en grabaciones que le hiciera en la casa de Coyoacán su nieta Paloma, donde es destacable la lucha de toda una generación de mujeres intelectuales que tuvieron que vivir a la sombra y ceder méritos a autores varones de renombre, lo que destinó a muchas de ellas al olvido.

viernes, 14 de septiembre de 2007

Nahui Olin (II)


Eran los años veinte, y el México macho se escandaliza ante un grupo de mujeres que, aún sin tener derecho a voto, rompen moldes y convenciones: Tina Modotti, Lupe Marín, Lupe Rivas Cacho, Nellie Campobello, María Dolores Asúnsolo (Dolores del Río), Frida Kahlo, Clementina Otero, Antonieta Rivas Mercado. De todas ellas Nahui Olin es la más atrevida, la más libre y rebelde. Pero la sociedad de su época prefiere calificarla como descarada, libertina y perturbada. Nahui prodiga su cuerpo, se retrata desnuda, habla sin prejuicios, rompe esquemas. Y la “gente de moral y buenas costumbres”, incapaz de comprender, le dice loca. “En mis medias hay algo que es mi carne, que miran sintiendo placer”.



A tono con su magnética inteligencia, publica en 1922 el libro Óptica cerebral, en 1923 Calinement, Je suis dedans y en 1924 A dix ans sur mon pupitre. Aparece en exposiciones colectivas con los más grandes pintores de su tiempo. Pero toda su obra es opacada por su belleza y por los escándalos que protagoniza. “Sé que mi belleza es superior a todas las bellezas que tú pudieras encontrar. Tus sentimientos de esteta los arrastró la belleza de mi cuerpo, el esplendor de mis ojos, la cadencia de mi ritmo al andar, el oro de mi cabellera, la furia de mi sexo, y ninguna otra belleza podría alejarte de mí”.


La musa que inspiró a Edward Weston una de sus mejores fotografías, la que posó para Diego Rivera y ofreció la perfección de su cuerpo a la cámara de Antonio Garduño, la gran anfitriona en torno a cuyos ojos y conversación giraba el mundo, empieza a quedarse sola conforme se marchita su belleza. Una beca de Bellas Artes le permite vivir con estrechez pero, decidida a ser independiente incluso de su familia, realiza trabajos modestos para pagarse una vez al mes una comida francesa. El resto del tiempo deambula por la Alameda y por San Juan de Letrán vestida con harapos y rodeada de gatos callejeros. Nadie reconoce en aquella estrafalaria anciana de 85 años a Nahui Olin, la mujer más bella de México durante los años 20. Nadie cita su nombre cuando muere en 1978.

jueves, 13 de septiembre de 2007

Nahui Olin (I)

Con datos del libro de Adriana Malvido: Nahui Olin, la mujer del sol


Después de la cuarta destrucción del mundo, los dioses aztecas se reunieron para dar lugar a un quinto sol. Este fue Nahui Olin, el sol del movimiento, el de nosotros. Sólo una mujer cuyos ojos fueran a la vez sol e infierno, puerta de la provocación y del escándalo, podía llegar a llamarse así. Sólo una niña de diez años con alcances para escribir: “no he vencido con libertad la vida, teniendo derecho a gustar de los placeres, estando destinada a ser vendida como los esclavos, a un marido”. Gerardo Murillo amó a esa mujer -muchos la amaron hechizados por el fuego místico de su mirada- y la rebautizó para que tomara, en el centro del calendario indígena de México, su lugar.


Carmen Mondragón nació el 8 de julio de 1893 en Tacubaya. Su padre, el general Manuel Mondragón, era conocido en Francia como diseñador de armamento y viaja allá por orden de Porfirio Díaz. Esto permite a la niña estudiar en colegios galos entre los 5 y los 12 años. Inteligente y precoz, registra en esa época una conversación con su madre en la que concluye que no debe nada a Dios: “Yo nací contra mi voluntad y nada le debo a ese señor… reza tú por mí y déjame ver las flores que me hablan de amor”.

En 1913 el general Mondragón es desterrado a Europa por apoyar a Madero, traicionarlo y encabezar, al lado de Victoriano Huerta, su asesinato. Casada con Manuel Rodríguez Lozano, Carmen conoce a Picasso, a Matisse y a Jean Cassou. Ella también pinta, pero a su manera, sin aceptar ninguna convención ni escuela. Luego parte con su familia a España al estallar la Primera Guerra Mundial, y vuelve a México en 1921. Conoce entonces a Gerardo Murillo, el Dr. Atl, y renace convertida en Nahui Olin para escribir, pintar y amar con una libertad que medio siglo después todavía parecía imposible: “Perfora con tu falo mi carne, perfora mis entrañas, desbarata todo mi ser, bebe toda mi sangre… y con la última gota que me quede escribiré esta palabra: te amo”.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Los lugares de Madame Bovary


En el post anterior nos prometimos realizar un viaje a los sitios de Madame Bovary y este es el momento de hacerlo. La Haute Normandie, con sus tres regiones (Vexin Normand, Pays de Caux y Pays de Bray) es todavía predominantemente rural, famosa por producir el queso Neufchâtel. Por eso la novela lleva como subtítulo ‘costumbres provincianas’. Cuando Charles Bovary llega a la escuela en Rouen llama la atención por su aspecto de muchacho de campo, acostumbrado a ver a su padre con la patilla unida al mostacho y haciendo resonar las espuelas.


Todavía en 2007, año de Flaubert, es posible visitar los lugares de su novela e imaginarnos los ambientes que describe -pese a que en el Rouen de Madame Bovary se viajaba en cabriolé, tílburi, calesa o landó y los hombres usaban redingote y sombrero de copa-. En el interior de Notre Dame se da el esperado encuentro de Emma con su segundo amante y en un cabriolé el extenso recorrido por las calles, puentes, parques y alrededores de Rouen, con el caballo cansado, el cochero enfadado y la pareja ocupada en dar rienda suelta a su agitado amor.


Entre los museos de Rouen destaca en la rue de Lecat el Museo Flaubert de Historia de la Medicina. Se ubica en la casa donde nació Gustave Flaubert y además de las habitaciones de nuestro escritor, hay múltiples salas dedicadas a la profesión de su padre y su tío, pues ambos fueron cirujanos y vivieron allí entre 1816 y 1882.


Hay un jardín de plantas medicinales, una colección de instrumentos quirúrgicos de los siglos XVII al XIX, una sala dedicada a la evolución del conocimiento de la anatomía, una colección de 200 recipientes de botica de los siglos XVII, XVIII y XIX y un conjunto de rostros en cerámica que hablan del intento de F. G. Gall por reconstruir el carácter humano a partir de la fisonomía.


Pero aprovechando el viaje, los y las feministas podemos ver más allá de los lugares de la Bovary: el Museo Jeanne d’Arc reconstruye la vida de Juana de Arco, heroína de la vida real procesada justamente en Rouen y quemada en el año de 1431 en la Place de Vieux Marché frente a la calle donde hoy está el Museo. El sitio tiene además una sala dedicada a las ‘Juana de Arco’ extranjeras.


Destaca también el Museo Nacional de la Educación, fundado en 1897 por Jules Ferry unos años después de que hiciera votar las leyes que instituyeron en Francia la gratuidad, laicidad y obligatoriedad de la educación primaria. El edificio, construido en 1470, fue acondicionado para repasar cinco siglos de escuelas y educación en Francia, con recreación de mobiliarios y colecciones de fotografías y libros de texto.

Y a unos cuantos kilómetros de Rouen está el mítico Yonville l’Abbaye, del cual aún se conservan los mapas que Flaubert trazó cuando estaba planeando su novela. Los pobladores de Ry, basados en estos mapas, aseguran que viven en el mismo lugar de los amoríos de la Bovary con Rodolphe Boulanger, y ya hasta montaron allí una estatua en honor al escritor.