viernes, 8 de agosto de 2008

Un problema político


Con imágenes de una campaña europea en pro del uso del condón, quiero ahora mencionar cuatro puntos que me quedaron claros después de la recién clausurada 17 Conferencia Internacional sobre el Sida en México. La meta “acceso universal del tratamiento para el 2010” está lejos de cumplirse por varias causas:
Los grupos neoconservadores, que con sus cruces y rosarios pretenden salvar al mundo de la inmoralidad del sexo, son el gran obstáculo mundial. Como todo lo resuelven con el discurso de los valores, su única alternativa es la abstinencia y la fidelidad. Absurdamente impiden los condones, la educación sexual y toda información. De ellos proviene la estigmatización de los homosexuales y el ocultamiento de los mecanismos para prevenir el problema.

Los políticos neoliberales, con su teoría de adelgazamiento del Estado, desatienden un problema público para convertirlo en particular. Ignoran que a diferencia de las enfermedades individuales una epidemia es un reto social y pretenden que cada quien se atienda con sus recursos. De esta manera quedan totalmente desprotegidos los seres humanos excluidos de los beneficios del libre mercado y se profundiza la discriminación a mujeres, indígenas, pobres, niños y homosexuales. Más que un asunto médico, el Sida es un problema económico-ético-político porque lo favorece la injusta distribución de la riqueza y porque en él aflora toda la material vulgaridad del capitalismo.


Sostenidas por estos políticos, las compañías farmacéuticas transnacionales privilegian la ganancia sobre la enfermedad. Como tuvo que denunciar la Secretaría de Salud en México, los antirretrovirales son vendidos aquí a precios cuatro veces más altos que en otros países similares. La ley de la oferta y la demanda determina el costo y se trata de productos de alta prioridad que generan grandes ganancias. Lo peor es que ante la demanda social el gobierno mexicano podría hacer algunas negociaciones tipo Fobaproa o tipo Repsol en vez de modificar las condiciones en que las transnacionales negocian con México.

Y como cuarto gran obstáculo está la discriminación favorecida por las estructuras de poder vigentes y por los medios informativos. Hay en México mucho racismo, machismo y homofobia atizadas por el poder. Muchas damas bien cerrando sus narices entre índice y pulgar ante los indios y la pobreza. Muchos machos mirando de soslayo a las ‘pinches viejas’ y a los ‘putos’. En consecuencia el VIH se propaga hacia todos y además los seropositivos sufren de rechazo en las familias, las escuelas, las comunidades y los centros de trabajo.


El lema de la conferencia -Acción universal ¡Ya!-, traducido a nombres, puede interpretarse en México como un reclamo a las políticas de Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón para quienes todo debe ser privatizado -energía, salud, educación- hasta dejar del Estado sólo las policías y el ejército. Puede ser también una llamada de atención a El Yunque, los legionarios de Cristo, los sacerdotes pederastas, la Unión Nacional de Padres de Familia, los panistas y un largo etcétera. Según la Conferencia, México no está entre los 17 países que ‘van por buen camino’. Y en México tres personas de cada mil tienen sida.