viernes, 15 de agosto de 2008

El lado divertido de la nutrición


La epidemia contemporánea de sobrepeso y desnutrición, producto de hábitos alimenticios aprendidos del estilo de vida moderno, puede regularse con el consumo de productos integrales. Cualquier nutriólogo sabe que la simple sustitución del azúcar y la harina blanca contenidas en multitud de alimentos chatarra permitiría mejorar drásticamente la salud de millones de personas. Sin embargo, las mismas compañías que controlan el mercado del pan ofrecen alimentos integrales que están hechos en realidad de harina blanca a la que se adiciona salvado y colorantes según denunciaron a principios de este año la Asociación Peruana de Consumidores y Usuarios, la Organización de Consumidores y Usuarios de Chile y la asociación mexicana El Poder del Consumidor.

Quienes compran ‘pan integral’ de las marcas Bimbo, Wonder y Oroweat –tres nombres de una misma compañía-, están comprando en realidad un engaño porque la Secretaría de Salubridad y Asistencia en México define a la harina integral, según una norma publicada en 1996, como ‘molienda del grano de cereal que conserva su cáscara y germen’. De paso violan otra norma -publicada en 1994- de la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial según la cual la información de una etiqueta “debe ser veraz y describirse y presentarse de tal forma que no induzca a error al consumidor respecto de la naturaleza y característica del producto”.


La harina blanca se obtiene a partir de varias moliendas sucesivas que eliminan del grano de trigo proteínas, vitaminas, minerales y fibras hasta maximizar el contenido de almidones. Pero además es sometida a un proceso de oxidación con ácido ascórbico, a un tratamiento de blanqueado con otros químicos para eliminar pigmentos amarillos y a aditivos como fosfato de calcio o vinagre. En la harina refinada la fibra se reduce al 2%, el potasio a una décima porcentual y lo mismo sucede con el fósforo, hierro, sodio, magnesio, selenio, calcio, cobre, zinc y manganeso. Las vitaminas de tipo B, E y el ácido fólico prácticamente desaparecen.


El trigo integral, ese que es molido y preparado con su cáscara y germen, protege la salud intestinal y la circulación por su alto contenido en fibras, previene cardiopatías por su contenido de selenio, regula el sistema nervioso por su alta presencia de vitaminas B, reduce el riesgo de cáncer de mama y equilibra las reservas de energía del organismo. Pero adicionar salvado a la harina blanca desnaturalizada, como lo hace el osito Bimbo, es un engaño: no genera ninguno de estos beneficios y nos entrega el equivalente a un grueso bocado de almidones sin valor nutritivo, que consumimos creyendo apoyar nuestra salud.