jueves, 20 de septiembre de 2007

La Aduana en Mazatlán

Cuando Napoleón nombró a su hermano José Bonaparte monarca de España, una insurrección dejó sin cabeza al reino. En México los criollos aprovecharon la situación para enfrentar a los españoles peninsulares y propiciar la rebelión de indios y mestizos, iniciándose en 1810 la Guerra de Independencia. Comandados en Sinaloa por José María González Hermosillo, los insurgentes recibieron apoyo de los mulatos establecidos en el presidio de Mazatlán (ubicado en lo que hoy es Villa Unión).


Y como era imposible desembarcar en los puertos tradicionales, floreció el contrabando en puertos alternos, entre ellos en lo que hoy es Mazatlán. Cuando la Constitución liberal de Cádiz favoreció la creación de ayuntamientos libres, el puerto de Mazatlán fue abierto al comercio extranjero por decreto de las cortes españolas. Esto fue el 9 de noviembre de 1820, pero la medida no surtió efecto por la Revolución de Iguala. Sin embargo, al finalizar la Guerra de Independencia, la región de Sonora y Sinaloa aceptó el imperio de Agustín de Iturbide, y Mazatlán fue declarado puerto de altura.


Surge entonces la primera oficina de gobierno local y se construye en 1828 la Aduana Marítima, que queda a cargo de José Maximino Morgan. El bello edificio neoclásico sigue en pie y adorna majestuosamente el extremo poniente del Centro Histórico de Mazatlán. Atrás todavía podemos ver el Cerro de la Cruz, pero el fondeadero que estaba al frente fue rellenado y transformado en un fraccionamiento.

El edificio tiene, como todas las construcciones de la época, un gran patio central rodeado por amplias habitaciones. En la fachada, una serie de arcos de medio punto sostenidos por gruesos pilares enmarcan el gran arco de acceso, donde cuatro columnas toscanas soportan un frontis triangular. El principal adorno son los remates neoclásicos que realzan la sobria belleza de la construcción.