martes, 9 de octubre de 2007

Me desordeno, amor, me desordeno

Carilda Oliver
Me desordeno, amor, me desordeno
cuando voy en tu boca, demorada;
y casi sin por qué, casi por nada,
te toco con la punta de mi seno.

Te toco con la punta de mi seno
y con mi soledad desamparada;
y acaso sin estar enamorada,
me desordeno, amor, me desordeno.

Y mi suerte de fruta respetada
arde en tu mano lúbrica y turbada
como una mal promesa de veneno;

y aunque quiero besarte arrodillada,
cuando voy en tu boca, demorada,
me desordeno, amor, me desordeno.



Nada mejor que un exlibris del lituano Marius Liugaila para acompañar los versos de Carilda Oliver Labra. Nacida en Matanzas, Cuba, en 1924, la poeta escandalizó a la sociedad cubana de los años 50 con Me desordeno, amor, me desordeno. Hasta el obispo fue a verla para exigirle que se retractara de su entonces audaz poema. Sin embargo, a pesar de su juventud, Carilda no cedió porque sabía que el erotismo forma parte de la naturaleza humana: “El problema es que de muy joven yo hacía lo que me parecía. No me sometí a reglas ni a moldes. Mis padres fueron conmigo únicos, excepcionales porque jamás me impusieron nada, y yo nunca fui indisciplinada, los respetaba pero... imagínate, si porque dije seno, que es una parte de la mujer y no una palabra prohibida”. Carilda Oliver es una de las más importantes poetas latinoamericanas. Ha ganado premios como el Nacional de Literatura, el Certamen Hispanoamericano del Ateneo Americano en Washington o el Premio Internacional José Vasconcelos 2002. Entre sus obras se destacan: Al sur de mi garganta (1949), Memoria de la fiebre (1958), Versos de amor (1963), La ceiba me dijo tú (1979), Desaparece el polvo (1983), Calzada de Tirry 81 (1987), Se me ha perdido un hombre (1993) y Libreta de la recién casada (1998).