lunes, 10 de diciembre de 2007

Manuel M. Ponce: los años de la Revolución


Mientras crece en el país la agitación contra la dictadura porfirista, Luis G. Urbina propone a Justo Sierra que Manuel M. Ponce ocupe la cátedra de piano en el Conservatorio Nacional de Música. Así, en 1908 Ponce se traslada a México donde comparte casa con el tenor Mario Talavera, se hace amigo de Sebastián Lerdo de Tejada y adapta música a poemas de sus amigos Urbina, Nervo y González Martínez. Dos años después monta la Academia de Piano Manuel M. Ponce, donde familiariza a sus alumnos con los impresionistas franceses y con los temas nacionalistas que compone. Al caer el dictador, integra por primera vez un recital con obras de Claude Debussy y es precisamente su alumno Carlos Chávez quien abre el programa interpretando Claro de Luna. Luego surge una serie de exitosos recitales en los que Ponce estrena sus obras nacionalistas: Por ti mi corazón, Rapsodia mexicana, Scherzino mexicano, Estrellita… y sus adaptaciones a temas populares: Marchita el alma, El desterrado, La Valentina, La cucaracha.


Es en estos días que empieza su noviazgo con Clementine Maurel e inicia una labor asistemática pero constante de investigación folklórica recopilando canciones que los trovadores populares recogen y memorizan para llevar a ferias y cantinas. Está documentada por ejemplo su amistad con una mujer ciega, Severiana Rodríguez, quien cantaba en iglesias y mercados y lo visitaba periódicamente en su casa para cantarle los temas que recogía entre el pueblo.



El libro Ponce, genio de México, de Emilio Díaz Cervantes, transcribe de Revista de Revistas una conferencia sobre la canción popular que imparte Manuel M. Ponce en diciembre de 1913. La canción mexicana –dice-, “es producto genuino del pueblo. Nunca tuvo su origen en los salones dorados y delumbrantes de los magnates; no surgió jamás de una soirée aristocrática (…). Los sufrimientos de los poderosos se evaporan entre las burbujas del champagne o se olvidan en la loca carrera de un automóvil… el amor de los burgueses se contenta y se mece con un vals de opereta vienesa o se exalta con el ritmo canallesco de un cake-walk americano…” La canción popular, sin embargo, “encierra todo el sufrimiento, la pasión, el amor, los celos, la esperanza, la desilusión, los recuerdos, las tristezas y fugaces alegrías de esa clase social condenada al rudo trabajo y a la indiferencia de los próceres…”.


Cuando en febrero de 1914 Victoriano Huerta ordena a Ponce dirigir un coro de 2 mil voces que cantaría acompañado por diversas bandas militares en la Alameda Central, el compositor cumple exitosamente la encomienda aunque no simpatiza con el dictador. Unos días después, como velada protesta, aparece un escrito suyo que parafrasea al escultor Miguel Angel: “en estos días de agonía de la patria soñaremos en el regazo de nuestra señora la música mientras duran la miseria y la vergüenza…”



Mientras, fuera de la capital crecen las fuerzas de Zapata y Villa y en México la actividad cultural se detiene. Ponce intenta mantenerse vigente organizando grupos de cámara y participando en otras agrupaciones como músico. Pero con la entrada a la capital de los villistas y zapatistas (diciembre 6 de 1915), recela de quienes lo creen partidario de Huerta y se autodestierra a Cuba en marzo de 1916.


En Cuba, Ponce abre su creatividad a la sincopada alegría de los sones, rumbas, boleros, danzones y guarachas. Integrándose plenamente al ambiente artístico de la isla, compone sus Rapsodias Cubanas y ofrece varios exitosos conciertos en las salas del Conservatorio Nacional de Música. Luego colabora como crítico musical en periódicos y revistas hasta que, habiéndose marchado sus amigos mexicanos a España abre una academia de música. En marzo de 1916 viaja a Nueva York para ofrecer una serie de conciertos en el Aeolian Hall y grabar sus composiciones. Los fonógrafos y pianolas del mundo multiplican la fama de Manuel M. Ponce y especialmente de su canción Estrellita.


Es entonces cuando el gobierno mexicano le ofrece la dirección de la Orquesta Sinfónica Nacional y reponer sus clases en el Conservatorio. Ponce viaja a su país a realizar los trámites necesarios, realiza una exitosa serie de conciertos, recibe innumerables homenajes y vuelve a Cuba para fundar la Orquesta Filarmónica de La Habana de la que es nombrado director pues sus composiciones nacionalistas cubanas lo vuelven entrañable también para aquel país. Sin embargo un mes después regresa a México con su novia Clementine quien, proveniente de Nueva York, lo ha visitado en Cuba. Ya como director de la Orquesta Sinfónica Nacional, abre en julio de 1917 su Academia de Música Manuel M. Ponce para la Enseñanza Moderna de Piano y Composición y se casa finalmente con Clementine en una boda resonante porque durante la misa la Orquesta Sinfónica Nacional homenajea a su director con un brillante concierto.

1 comentario:

ileana dijo...

Muy buena información, no tan fácil de encontrar. Y fijate que yo soy su sobrina bisnieta, Ileana Ponce.. Me gustaría si tienes más información nos ayudaras, pues estamos recopilando lo más que se pueda. Saludos