miércoles, 14 de noviembre de 2007

Romeo y Julieta (I)


Cuánto se ha dicho sobre Romeo y Julieta y cuán inagotable ha sido Shakespeare. Miles de representaciones a lo largo de cientos de años, innumerables versiones alrededor del mundo y la obra sigue cautivando. De no haber matado Shakespeare a sus personajes estos no habrían sostenido su pasión, ni sus sueños, ni su intrepidez. En cambio ambos mueren adolescentes, vencida fatalmente su voluntad por el destino, y labran así su eternidad.


Y son tan universales y eternos que cuando Romeo salta la barda de los Capuleto, escucha un monólogo de Julieta: “Romeo, quítate el nombre, y a cambio de tu nombre, que no es parte de ti, tómame entera”. Entonces él responde apasionadamente aunque sin ser escuchado: “Llámame sólo amor, y me bautizaré de nuevo; desde ahora, jamás seré Romeo”. Se trata de dos seres cuyo único vínculo sólo puede ser el amor. Socialmente están enfrentados y pueden llamarse de cualquier modo.



El primer encuentro de Romeo con Julieta surge cuando él entra subrepticiamente a una fiesta de los Capuleto. Al verla surge de inmediato el arrojo adolescente cuando la busca para besarle la mano: “Si profano con mi indigna mano este sagrado santuario –pecado de amor es éste-, mis labios, peregrinos ruborizados, están dispuestos a hacer penitencia por este áspero toque con un tierno beso”. Pero cobra consciencia del destino cuando a un comentario del Ama advierte: “¡Ah, amada deuda! Mi vida se la debo a mi enemiga”. Por su parte Julieta, tan soñadora, apasionada e intrépida como Romeo, dice: “Mi único amor surge de mi único odio”, al identificar al hombre de quien se ha enamorado.


El matrimonio entre Romeo y Julieta es oculto para todos. El enfrentamiento Montesco-Capuleto enciende la voluntad de los amantes y separa su amor de la sociedad dejándolos solos ante Dios.



Pero el destino surge de nuevo cuando Tebaldo, primo de Julieta, enfrenta a Romeo por el supuesto agravio a la casa Capuleto. En el encuentro es muerto Mercucio. Entonces Romeo, cegado por la muerte de su mejor amigo, mata a Tebaldo. Al ser desterrado, Romeo llora ante Fray Lorenzo quien lo regaña: “Está viva tu Julieta, por cuyo dulce amor morías ahora mismo: en eso eres feliz: Tebaldo iba a matarte, pero mataste tú a Tebaldo: en eso también eres feliz: la justicia que amenazaba darte muerte se hace tu amiga, y lo convierte en exilio: en eso eres feliz (…) pero tú como una muchacha huraña y mal educada , frunces el ceño a tu fortuna y a tu amor: ten cuidado porque quien es así muere de modo miserable.”


Cuando a la muerte de Tebaldo los padres de Julieta deciden casarla con Paris, ella tiene que acceder. Sin embargo su voluntad de pertenecer a Romeo la lleva a aceptar la solución propuesta por Fray Lorenzo: tomar una pócima que la mantendrá en muerte simulada por 24 horas. Nuevamente el destino cambiará los deseos de los protagonistas: la carta que informa a Romeo del plan de Fray Lorenzo no llega nunca y el amante se suicida en la tumba de su amada, justo antes de que ella despierte. La tragedia prolonga el clímax cuando Julieta, al ver muerto a su amado decide también quitarse la vida.

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