lunes, 5 de noviembre de 2007

De lactancia y algo más


Mucho han insistido en los últimos años las instituciones públicas de salud sobre la importancia de la leche materna. Amamantar significa para las madres no sólo dar amor y protección a su hijo, sino reducir el riesgo de cáncer de mama o de ovario. Ser amamantado es para el lactante adquirir la confianza básica que le prepara para enfrentar la vida cotidiana, recibir anticuerpos que evitan de por vida una serie de infecciones y enfermedades crónicas, y consumir ácidos grasos específicos que estimulan el crecimiento y el desarrollo intelectual.




La Asamblea Mundial de la Salud, el máximo órgano de decisión de los 192 Estados que integran la OMS, aprobó en 1991 un Código Internacional para la Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna. El acuerdo recomienda eliminar las prácticas de mercadeo, como repartir muestras gratuitas de productos que sustituyen a la leche materna o incentivar económicamente a médicos e instituciones para que los recomienden. En México la Secretaría de Salud recién elaboró el Acuerdo Nacional pro Lactancia Materna para solicitar la adhesión de las empresas a este Código.



Sin embargo una compañía transnacional 'se reservó el derecho de firmar', según lo publicó hace unos días la agrupación civil El poder del Consumidor. Se sumaron a la propuesta Nestlé, laboratorios Wyeth, Bayer, laboratorios Pisa y diversas asociaciones y academias. Pero Mead Jonson dijo que no, haciendo obvio que le interesa más el comercio que la salud de los consumidores.



Mead Jonson hace negocio produciendo polvos de chocolate como Cal-C-Tose y Choco Milk; sustitutos de leche como Enfamil, Enfapio, Enfagrow, Nutramigen y Pregestimil; y suplementos como Protevit, Kindercal, Enfamom y Sustangen. Pero si no le importa poner en peligro a millones de madres, lactantes y futuros ciudadanos, creo que como consumidores debemos propagar esta información y ejercer contra la mercenaria transnacional nuestro poder de veto.