sábado, 23 de agosto de 2008

Elena Garro (II)


En 1958 Elena reune sus primeras obras teatrales que, entusiasmado, Octavio Paz presenta al grupo Poesía en Voz Alta. Andarse por las ramas, Los pilares de doña Blanca y Un hogar sólido, son llevados a escena bajo la dirección de Héctor Mendoza. Octavio admira a la inquietante, asombrosa e impredecible Elena. Adora a su hija, a Helena, a quien dice cariñosamente 'la chata'. Juega y ríe con ambas y se preocupa por el arrojo de la Garro cuando critica la política mexicana y el machismo: "En México, apenas una mujer es un poco inteligente, tiene otras aspiraciones, quiere trabajar, escribir, hacer algo, todos se confabulan para ver qué le hacen, cómo la destruyen, cómo la dañan".
"Elena es de armas tomar, es tremenda", dice Paz ante ella pues no se detiene cuando se trata de poner las cosas en su lugar. Por ejemplo, al publicarse La región más transparente de Carlos Fuentes, Elena escribe en Novedades que el autor había producido "un conjunto caótico de palabras" donde los personajes quedan ocultos "por una deficiente máquina de escribir". Asegura además que desde la visión de Fuentes en esta novela, “La Revolución, especie de virgen cristiana echada al Circo Romano y condenada con el pulgar invertido de cortesanas y senadores, es una alegoría infantil que pierde validez, por obvia”.


Elena se preocupa por los campesinos de Ahuatepec, Morelos, se enfrenta a banqueros y aguijonea al PRI. Los políticos y funcionarios se intimidan ante aquella mujer vestida a la francesa, con zapatos de firma y abrigos de piel que reclama atención para los indios. Los intelectuales se asombran cuando, rodeada de campesinos, irrumpe en las reuniones para recabar firmas de apoyo que siempre le niegan. “Los indios son las personas cultas del país”, le dice a Elena Poniatowska. “Me da risa cuando los bárbaros de la ciudad dicen que van a civilizarlos y a incorporarlos. ¿A qué? ¿Al dinero mal habido, al mal gusto de sus casotas, a la sordidez de sus costumbres y a no ser de ningún país ni pertenecer a ninguna cultura?”

Por eso ataca a los intelectuales: "Yo creo que todos están más o menos ligados con el gobierno, o tienen una chamba en el gobierno, o la han tenido. ¿No te parecen entonces una farsa sus gritos y sus grandes escritos?". Octavio Paz se siente acorralado, teme sus escándalos, aborrece discutir con ella o encontrársela en la calle. Finalmente el divorcio llega en 1959.