lunes, 8 de octubre de 2007

El New Age o lo que queda de los hippies


Quien busque información sobre el New Age encontrará que las principales críticas provienen del catolicismo. Y es que el New Age considera a cada quien como ‘energía’, como su propio Dios, lo cual resta toda autoridad al sacerdote y a las divinidades externas. Sin embargo, para entender realmente al New Age es necesario analizar un elemento que la crítica católica no menciona: el hippismo.


Los hippies surgieron en los años 60 en Estados Unidos, casi al mismo tiempo que los ‘grupos de luz’ en Inglaterra, con un discurso de orientalismo, esoterismo, naturismo, ecologismo, yoga y métodos de control mental para ‘ser uno mismo’. Mediante la vida común buscaban crearse mundos propios, afianzar las particularidades de su identidad y separarse del modo de vida corriente.
En general eran una amenaza para el sistema porque renunciaban explícitamente a la sociedad de consumo, protestaban contra el autoritarismo y la burocracia, pugnaban por una economía igualitaria y una vida común y cooperativa. En suma, estaban fuera del mundo del trabajo, fuera de los patrones de éxito, fuera de toda autoridad, lejos del capitalismo y del Estado además de sostener mediante la liberación erótica una lucha frontal contra el racismo y la moral establecida.
Un elemento importante del movimiento eran la mariguana y el LSD, que en términos místicos representaban las posibilidades ilimitadas de la conciencia y en términos políticos simbolizaban la expansión del yo y el encuentro con los otros. Los hippies eran la respuesta a una sociedad desilusionada ante los asesinatos de Malcolm X, Martin Luther King, John F. Kennedy y Robert Kennedy, pesimista después de Vietnam y el armamentismo mundial.

El movimiento pudo haber continuado, pero hacia 1970 se inició en Estados Unidos una campaña de neutralización: sus principales activistas fueron asesinados, se hicieron surgir drogas más adictivas como la heroína, y el rock se convirtió en un producto comercial. De la alternativa oriental, de Gandhi, Jesús y Buda, sólo quedó la negación de la razón y la búsqueda de mundos interiores. El orientalismo hippie se quedó sin crítica, sin memoria histórica, sin lucha política, sin rebelión.

Así surgió el New Age y se pusieron de moda las piedras, los cristales, las campanitas, el incienso, el feng shui, los horóscopos, etc., integrándose como objetos de consumo de una acrítica clase media. Esta empezó a recurrir cada vez más a la terapia, necesaria ante el individualismo, la competencia y la represión de lo erótico. Surgió la música New Age, dulce sonido para los ritmos de la producción en serie capitalista, y aparecieron los cursos de meditación para la búsqueda de soluciones internas a todos los problemas sociales. Nunca hubieran soñado los hippies que su movimiento se prostituiría hasta llegar incluso a la escuela primaria, convertido en lo que hoy se conoce como educación holista.

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