sábado, 29 de diciembre de 2007

Zalacaín el aventurero (II)


Las aventuras de Zalacaín tienen como escenario histórico las Guerras Carlistas. El origen de estas guerras está en una ley que prohibía reinar a las mujeres: la Ley Sálica, que ya había sido derogada en 1789, pero que sólo se hizo efectiva cuando Fernando VII, sin descendencia masculina, hereda el trono a su hija Isabel. Como Fernando también había abolido la Constitución de 1812, desaparecido la Inquisición e igualado leyes y costumbres eliminando fueros y privilegios, los sectores conservadores se agruparon en torno a su hermano Carlos María Isidro de Borbón, quien desconoce a Isabel, proclamada reina por su madre la regenta María Cristina.


A partir de allí los partidarios de Carlos María Isidro de Borbón (Carlistas), se opusieron a quienes apoyaban a la regente María Cristina (Cristinos) en una guerra civil que en esencia enfrentaba a quienes pretendían un régimen absolutista y los que deseaban un gobierno liberal bajo Isabel II de España. La historia de Zalacaín el aventurero ocurre en la frontera España-Francia donde, según la misma novela, “los vascos, siguiendo las tendencias de su raza, marchaban a defender lo viejo contra lo nuevo. Así habían peleado en la antigüedad contra el romano, contra el godo, contra el árabe, contra el castellano, siempre a favor de la costumbre vieja y en contra de la idea nueva”.



La Primera Guerra Carlista duró siete años (entre 1833 y 1840). Las ciudades del País Vasco y Navarra, con apoyo del clero local, fueron carlistas. Pío Baroja pone en boca de Tellagorri una canción que dice: “¡Viva Espartero, Viva la reina! Ojalá de repente se muriese su sucia madre!”. En el resto de España, los liberales controlaban al ejército y todas las ciudades importantes con ayuda de Reino Unido, Portugal y Francia.



La Segunda Guerra Carlista, también llamada Guerra de los matiners (o madrugadores pues las guerrillas atacaban al amanecer) duró tres años, entre 1846 y 1849 y sucedió fundamentalmente en Cataluña donde tras una crisis agrícola y de alimentos, la propiedad comunal chocó con la agricultura liberal y el incipiente industrialismo.



Las aventuras de Zalacaín ocurren durante la Tercera Guerra Carlista, que sucedió de nuevo en el País Vasco y Navarra, entre 1872 y 1876. En esta ocasión Carlos María de Borbón reinició el movimiento desde el exilio y llamó a la sublevación el 21 de abril de 1872. Pío Baroja dice en su novela: “Estos aldeanos y viejos hidalgos de Vasconia y de Navarra, esta semiaristocracia campesina de las dos vertientes del Pirineo creía en aquel Borbón vulgar, extranjero y extranjerizado, y estaban dispuestos a morir para satisfacer las ambiciones de un aventurero tan grotesco”.



Sin embargo, dos días después de cruzar la frontera francesa el 2 de mayo, Carlos de Borbón fue sorprendido por las tropas isabelinas y obligado a regresar. Después de establecer el 18 de diciembre como nueva fecha de insurrección, el pretendiente al trono volvió a España en julio de 1873 conquistando el País Vasco y Navarra y estableciendo en Estella su capital. El nuevo Estado Carlista duró más de dos años hasta que en enero de 1876 el ejército gubernamental reconquista Estella, obligando a los carlistas a huir hacia Francia.