domingo, 24 de agosto de 2008

Elena Garro (III)


A partir del divorcio, la obsesión de Elena por Octavio sólo mengua mientras está escribiendo. Con el tiempo diría, según registra Poniatowska: "Yo vivo contra él, estudié contra él, hablé contra él, tuve amantes contra él, escribí contra él y defendí a los indios contra él. Escribí de política contra él, en fin, todo, todo, todo lo que soy es contra él. En la vida no tienes más que un enemigo y con eso basta. Y mi enemigo es Paz."



En realidad, Elena se había vuelto enemiga de sí misma y tradujo su capacidad literaria y su conocimiento del sistema en ataques indiscriminados a intelectuales y políticos. Pero Octavio Paz, preso del amor que le tuvo, preocupado por el protagonismo suicida de la madre de su única hija y orgulloso de la habilidad literaria de su ex mujer, continua apoyándola y lleva el manuscrito de Los Recuerdos del Porvenir al editor que lo publica en 1963.

La novela, precursora del realismo mágico –todavía no se escribía Cien Años de Soledad-, ubica toda la trama dentro del período de la Guerra Cristera que tan bien conoce Elena Garro, y comparte con otra gran novela, Pedro Páramo, la denuncia de las formas que asume el poder en el México rural: “Aquí estoy, sentado sobre esta piedra aparente. Sólo mi memoria sabe lo que encierra. La veo y me recuerdo, y como el agua va al agua, así yo, melancólico, vengo a encontrarme en su imagen cubierta por el polvo, rodeada por las hierbas, encerrada en sí misma y condenada a la memoria y a su variado espejo. La veo, me veo y me transfiguro en multitud de colores y de tiempos. Estoy y estuve en muchos ojos. Yo sólo soy memoria y la memoria que de mí se tenga”.



Ese mismo año aparece una recopilación de obras teatrales de Elena: Los pilares de doña Blanca , El rey mago, Andarse por las ramas, Ventura Allende, El encanto, Tendajón Mixto, Los perros y El árbol. Un año después, Octavio se enorgullece cuando la Garro recibe el Premio Xavier Villaurrutia. Entonces declara: "es la mejor escritora de México".



Elena conoce a Lee Harvey Oswald en una fiesta en la ciudad de México y al denunciarlo como asesino de John F. Kennedy se involucra ante la CIA. Su paranoia crece cuando Octavio Paz se casa con Marie-Jo en 1964. Critica en la prensa a los intelectuales por oportunistas y trepadores –son los mismos que le volvieron la espalda después de su divorcio-, y habla, no sin razón, contra el sistema político mexicano. Entrevista a Frida Kahlo, a Isabela Corona y elabora una crónica-reportaje desde la Cárcel de Mujeres después de convivir con las reclusas. Critica la misoginia y el machismo. Se relaciona con la familia de Rubén Jaramillo y sufre su asesinato. Exalta a Carlos Madrazo padre en entrevistas y declaraciones que rallan en la idolatría.


En agosto de 1968, a fin de molestar a los ‘amigos de Paz’, Elena acusa a los intelectuales de mandar a los jóvenes al matadero. Unos días después los periódicos hablan de la presencia de la hija de Octavio Paz entre los manifestantes que acuden a la embajada de la URSS para protestar por la invasión a Checoslovaquia. Helena comparte con su madre la decisión y el rechazo activo de la injusticia social.