martes, 18 de septiembre de 2007

Ética de la resignación

Buscarle un alma a la empresa introduciendo declaraciones y actitudes éticas es cada vez más común. Y aunque la función última de las empresas no es hacer el bien, que empiecen a interesarse en la ética es una forma de “progreso humano”, dice Lipovetsky.

Ante los riesgos de la contaminación, los peligros de la capa de ozono, el calentamiento global o los transgénicos, hoy se demandan industrias más responsables, capaces de declarar, incluso falsamente, su compromiso ambiental.

Ante los excesos especulativos, la corrupción y los escándalos bursátiles propiciados por el neoliberalismo, las empresas que quieren nuevos clientes y contratos necesitan una imagen de servicio social y transparencia que aumente su legitimidad. En esto es muy útil la business ethics.

También la competencia obliga: las empresas elevan su valor tomando postura en problemas ciudadanos o lanzando productos que mejoren el ambiente y la calidad de vida: de esto se encargan los nuevos especialistas del marketing.

Y ante la necesidad de motivar al personal con sentimientos de orgullo, pertenencia y utilidad social, la ética funciona tan bien que ha llegado a convertirse en instrumento de gestión.

Sin embargo, la llamada ética de los negocios no es sólo asunto de gestión administrativa, presión ambiental, legitimidad y marketing: es también una exigencia del individualismo posmoderno que no soporta peligros ni accidentes, es un seguro contra riesgos financieros, una estrategia para satisfacer a amplios grupos de consumidores, y un rasgo de cautela ante los medios informativos y la ley, que cada vez destapan más casos de corrupción y enriquecimiento ilícito.


A las empresas, dice Lipovetsky, se les puede exigir una ética mínima, la de la protección de la vida y el respeto a la dignidad humana, puesto que su verdadero objetivo es la eficiencia económica y competitiva. Se trata de una ética modesta, acepta, pero “si lo conseguimos no estará nada mal”.

Así es la ética de la responsabilidad que plantea Lipovetsky. Yo prefiero llamarla ética de la resignación.