martes, 29 de julio de 2008

Paolo y Francesca



“Paolo, tu culpa romancesca
Viene a mi espíritu, Francesca,
unida siempre a Paolo vas,
Impúlsanos funambulesca
Ronda, más vivo, mucho más…”


Los versos forman parte de un poema que conocí a través de una canción de Elisa Pérez Meza titulada Valsemos. En ellos Amado Nervo retrata el vértigo del vals, la vorágine del baile, a través del amor furtivo que llevó al Infierno a Paolo y Francesca.



En el siglo XIII dos familias italianas estuvieron en guerra: la familia Polenta de Ravena y la familia Malatesta de Rimini. La paz fue firmada con un acuerdo de matrimonio entre Francesca da Polenta y Gianciotto Malatesta. Sin embargo, temiendo que Francesca rechazara el matrimonio, los Malatesta ocultaron la fealdad y deformidad de Gianciotto enviando a su hermano menor, Paolo, a tratar los asuntos del matrimonio. De esta manera Francesca se casó a los 16 años con el contrahecho Gianciotto creyendo que su marido sería el bello, joven, culto, valeroso y cortés Paolo.



Las versiones sobre la muerte de los amantes difieren mucho: según Dante Alighieri, Paolo y Francesca fueron arrastrados al infierno por adúlteros y condenados a mirarse eternamente sin llegar a tocarse. Según la tradición perpetuada en diversas obras pictóricas, fue un apasionado beso entre Paolo y Francesca lo que propició que loco de celos Gianciotto los matara. Hay un cuento de Leopoldo Lugones que advierte que los amantes no tuvieron ningún contacto físico. Como el perverso Gianciotto sabía que se amaban, se divertía viéndolos sufrir. A los 26 años de edad, Francesca todavía era frecuentada por Paolo que se reunía con ella a leer vidas de santos, pero leyendo en aquella ocasión una obra galante, “su decenio de padecer clamaba por una hora de dicha”. Fue entonces cuando, admirando un paisaje lunar, con el libro uniendo sus rodillas y aproximando sus rostros “hasta producir ese rozamiento de cabellos cuya vaguedad eléctrica inicia el vértigo de la tentación”, se encontraron juntos en el llanto. Así los encontró Gianciotto horas después y les partió el corazón.



El caso es que a lo largo de los siglos la tragedia de Francesca y Paolo siguió nutriendo la imaginación de los artistas. Dante los eternizó en el canto V del Infierno en La Divina Comedia. Ingres pintó a los amantes en 1846; Rosetti lo hizo en 1855 con una acuarela en tres partes que muestra a la izquierda el momento del beso, al centro a Dante y a Virgilio y a la derecha el momento en que son arrastrados al infierno. Gustave Doré dibuja a Francesca en 1857. Rodin crea su obra cumbre, El Beso, en 1888 pensando originalmente en los famosos amantes. Y Amado Nervo los recupera en un texto sin nombre contenido en su poemario Perlas Negras, que fue escrito en Mazatlán a principios del siglo XX.

2 comentarios:

Violeta Bujanda dijo...

Que bueno tu corto pero bien logrado recorrido por esta hermosa (pero como todo lo hermoso)terrible historia de amor!

Anónimo dijo...

gracias, me sirvio mucho!