domingo, 30 de diciembre de 2007

Los lugares de Zalacaín 1


En Zalacaín el aventurero se mencionan apellidos que suenan a Sinaloa (Lerrumburo, Echebarría, Sarralde, Mendieta, Elizondo, Gañecoechia, Laguardia, Ibarra, Echemendi, Lizarraga), lo cual me generó una agradable sensación de proximidad con el personaje y con la novela. Ignoro si Pío Baroja, originario de San Sebastián, escribió este libro en su natal vascuence, que es considerada una lengua muy antigua, con raíces en el paleolítico y sin parentescos con ninguna otra. De hecho, la geografía del País Vasco o Euskadi es rica en monumentos megalíticos –dolmenes, menhires, cromlechs-, y se caracteriza por poseer pequeños poblados diseminados entre las montañas, como los que había en Sinaloa antes del narcotráfico, cuando a lo largo de la Sierra Madre Occidental uno podía encontrar rancherías aisladas, que conservaban lengua y tradiciones ya desaparecidas en las ciudades.


El valle de Urbia, el lugar de nacimiento de Zalacaín, se ubica en la provincia vasca de Guipúzcoa, y es muy apreciado por quienes gustan de los deportes de montaña. Para acceder a este valle, que lleva a la Sierra de Aitzcorri donde se encuentran las cimas más altas del país vasco, uno debe partir de Arantzazu. Una hermosa basílica construida durante el franquismo por el arquitecto Francisco Saénz de Oiza con esculturas de Jorge de Oteiza es el punto de partida.



A 10 kilómetros de Aranzazu se encuentra Oñate, en un valle rodeado de altas montañas. Carlos Ohando estudió en esta ciudad, tal vez en la Universidad de Sancti Spitirus construida en el siglo XV y que por entonces llevaba el nombre de 'Universidad Libre'. Sin embargo, la formación liberal humanista no modificó la condición “cerril y oscura” de Ohando, muy dada al odio y la envidia según lo describe Baroja. Y debe haber estado más conforme cuando el edificio con su fachada, el claustro, los artesonados mudéjares y el retablo plateresco de la capilla fue sede de la Real y Pontificia Universidad Vasco Navarra entre 1874 y 1876, durante los años de dominación carlista. Hoy el lugar es sede del Instituto Internacional de Sociología Jurídica.




Destaca también en Oñate la parroquia de San Miguel, un templo gótico con elementos de épocas posteriores, que ostenta un retablo plateresco en la capilla de la Piedad. Y es también digno de mención el Monasterio de Bidaurreta, que contiene elementos de mudéjar, gótico y renacentista.



Pero vayamos más allá de Oñate y Urbia hasta Zaro (o Sare), ubicado en la región vascofrancesa de Aquitania. Zaro es el lugar al que se fue a vivir Bautista Urbide con Ignacia Zalacaín para estar lejos de Carlos Ohando. Allí, quizá por la presencia de las famosas grutas, estableció Martín Zalacaín su lugar de descanso mientras comerciaba con mulas compradas en Dax que pasaba de contrabando por Roncesvalles hasta las filas carlistas. Actualmente las grutas de Zaro son un lugar muy visitado por los turistas porque a su magnificencia se ha añadido un espectáculo de luz y sonido creado por técnicos franceses sobre la inspiración del antropólogo J.M.de Barandiaran. Y aunque en estos días están cerradas por la inundación que afectó a Zaro en mayo de 2007, a cambio el público puede disfrutar gratis en el museo de sitio y en la página http://lamin.sare.fr/, una exposición sobre la mitología vasca, con textos e ilustraciones del artista Claude Labat.


De apenas 2200 habitantes, Zaro tiene una larga historia definida según Paul Douturnier por el contrabando, que aquí “ha sido una verdadera profesión”. Quien visite Zaro puede conocer el modo de vida de un vasco acomodado del siglo XVI visitando la Maison Basque (Ortillopitz), construcción efectuada en 1660 dentro de una extensa área de manzanares, viñedos y campos de lino, cuya fachada y detalles ha sido preservada cuidadosamente durante más de tres siglos. Al interior los cerrojos, los recipientes de cocina, los muebles, todo se conserva tal como lo compró el primer propietario. 7 euros los adultos y 3 los niños.



Finalmente, dado lo pequeño del pueblo y la presencia de una antigua tradición culinaria nadie puede salir de Zaro sin haber visitado el Museo del pastel vasco. Además de las diversas salas -imposible no entrar a la de iniciación a la repostería-, el visitante puede probar y comprar pasteles vascos de cereza, crema o chocolate, tartas de nuez, pistache o almendras, los deliciosos kanougas (dulce de chocolate y caramelo) y nougamieles, la tarta de Amatxi, elaborada con manzanas y crema ligera caramelizada, la xareta de café y chocolate, y otras delicias.