martes, 2 de octubre de 2007

El Cantar del Mio Cid



Ah, cuánto hubieran hecho por mí los maestros si en vez de dejarme como obligación "leer el Poema del Cid", me lo hubieran descrito apoyados con algunas imágenes y un buen trabajo en equipo. Al convertirlo en un bocado tan poco apetitoso, lo que hicieron fue impedirme vivir ese ambiente de caballeros, castillos medievales, pleitos de honor, caballos, escudos y lanzas.




El Cantar empieza cuando Alfonso VI, bajo la influencia de los envidiosos que nunca faltan, destierra a El Cid y amenaza con castigar a los pobladores de la ciudad de Burgos si le dan asilo. Para enfrentar este revés, y apoyado por su amigo Martín Antolínez, el Cid consigue dinero aprovechando la avaricia de unos judíos, a quienes muestra un cofre que en realidad contiene arena:


Con vuestro consego bastir quiero dos archas,
Ync(h)ámoslas d’arena, ca bien serán pesadas,
Cubiertas de guadalmeçí e bien enclaveadas


Después de dejar en el monasterio de San Pedro de Cardeña a su esposa Ximena y a sus hijas, el Cid parte hacia tierras moras. En Castejón y Alcocer lucha, recoge botines, los distribuye entre su ejército y envía una parte al rey a fin de recuperar su aprecio. Pero sólo después de la conquista de Valencia y de nuevos presentes, el rey Alfonso cede y permite al Cid reencontrarse con su familia:


Quando lo vio doña Ximena, a pies se le echava
-"Merçed, Campeador, en buen ora cinxiestes espada:
Sacada me avedes de muchas vergüenças malas:
afeme aquí, señor, yo e vuestras fijas amas;
con Dios é convusco buenas son e criadas".
A la madre e a las fijas bien las abraçava,
Del gozo que avien de los sos oios loravan.


Mientras esto sucede el Rey de Marruecos, al ver invadidos sus territorios, sitia la ciudad de Valencia. El Cid lo derrota y los infantes de Carrión, deslumbrados por su fama y riqueza, solicitan casarse con Elvira y Sol.

Ricas fueron las bodas en el alcázar ondrado
E al otro día fizo Myo Çid fincar VII tablados;
Antes que entrasen a iantar todos los quebrantaron.
Quinze días conplidos en las bodas duraron.



Sin embargo, los infantes se muestran cobardes al pelear y temerosos ante la presencia de un león que ha escapado. Y para vengarse de los hombres de El Cid que se burlan de ellos, deciden azotar a sus mujeres y las abandonan creyéndolas muertas:

Cansados son de ferir ellos amos a dos,
Ensayános' amor quál darà mejores colpes.
Hay non pueden fablar don Elvira e dona Sol
Por muertas las dexaron en el robredo de Corpes.

El Cid pide venganza al rey quien convoca a las Cortes de Toledo. Los infantes son obligados a regresar la dote y luego vencidos por los guerreros del Campeador. Las hijas de El Cid se casan de nuevo, ahora con los infantes de Navarra y Aragón.

¡Ved quál ondra creçe al que en buen ora naçió,
Quando señoras son sus fijas de Navarra e de Aragón!
Oy los reyes d'España sos parientes son.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

ma enreaOo el libroooo
shiiiiiii ma fome
ni un brillo

rupertina dijo...

ma fomeeee l libroooooooo
0 aporteeee
ma fome la wa