jueves, 27 de diciembre de 2007

Zalacaín el aventurero


Hay hombres para quienes la vida es de una facilidad extraordinaria. Son algo así como una esfera que rueda por un plano inclinado, sin tropiezo, sin dificultad alguna (…). Zalacaín era afortunado; todo lo que intentaba lo llevaba bien. Negocios, contrabando, amores, juego…”. Así comienza la segunda parte de Zalacaín el aventurero, novela en la que Pío Baroja detalla la vida de un joven vasco dedicado a tentar a la fortuna.

Martín Zalacaín nace en las afueras del pueblo de Urbía, en terrenos cedidos por los Ohando. Inteligente y audaz, se cría tras la muralla enfrentando a pedradas a los niños alfabetizados que viven dentro del pueblo. A los ocho años de edad es acusado de ladrón por Carlos Ohando a quien vence en una pelea infantil. El episodio es significativo porque un antepasado suyo, Martín López de Zalacaín, había sido asesinado en 1412 por un antepasado de los Ohando.

Al morir su madre, Martín y su hermana Ignacia son recogidos por su tío abuelo Miguel Tellagorri, un tipo ateo, individualista, cínico y asiduo a la taberna. Tellagorri hereda a Zalacaín unas monedas de oro y le aconseja dedicarse al contrabando: “Vete a la guerra, pero no vayas de soldado. Ni con los blancos ni con los negros. ¡Al comercio! Venderás a los liberales y a los carlistas, harás tu pacotilla y te casarás con la chica de Ohando”.

El odio de Carlos Ohando había crecido al advertir que su hermana Catalina y Martín se amaban. Para vengarse intenta deshonrar a Ignacia pero Martín da una dote a su amigo Bautista Urbide quien se casa con ella y se establece en Zaro, un pequeño pueblo vascofrancés. Una vez iniciada la guerra, Martín y Bautista se dedican al contrabando de armas y caballos en la frontera hasta que se ven obligados a integrarse a la guerrilla bajo el mando de un cura carlista.


Durante el asalto a una diligencia los amigos consiguen huir pero Martín, una vez repuesto de sus heridas, continúa sus aventuras y acepta internarse entre los carlistas para conseguir que varios generales, entre ellos el mismo Carlos de Borbón, firmen unas letras. Así se embarca a Zumaia y sigue a Azpeitia, Tolosa y Estella. Después de escapar de la cárcel de Estella, Martín rapta a Catalina Ohando de un convento y cruza de nuevo las líneas carlistas para casarse con ella.



La boda sucede en Zaro, pero el “amor al peligro y una confianza ciega en su estrella” induce a Zalacaín a buscar más aventuras. Es entonces cuando, una vez vencidos los carlistas, la historia se repite y durante una discusión con Carlos, Martín muere asesinado por el sirviente de los Ohando. Según relata Pío Baroja, su tumba en Zaro dice ‘Aquí yace Martín Zalacaín muerto a los 24 años el 29 de febrero de 1876’.