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miércoles, 6 de agosto de 2008

Sinaloa profundo


En su Ulises Criollo, José Vasconcelos definió a Sinaloa como un estado sin cultura, regido por la carne asada. Como en ese tiempo no existía aún el narcotráfico con sus cadáveres fritos en pólvora, la expresión ‘carne asada’ era literal: Vasconcelos se refería a los cortes de res cocinados al fuego, quizá porque le hacían pensar en el pragmatismo de los gringos o porque consideraba que sólo hay cultura en los tlacoyos. En fin, esa percepción de Sinaloa fue cambiando paulatinamente primero cuando los festivales culturales se tropezaron con los olanes de Lola Beltrán y con orquestas sinfónicas que tocaban El Sinaloense; y después cuando, para restituirnos el orgullo masacrado por las ametralladoras, se soltó la propaganda que dice que nuestros ‘valores’ empiezan en Sheyla y terminan en Pedro Infante (¡Qué profundidad!).



Una página seria y formal que describe visualmente la cultura -lugares, gente, gastronomía, economía, historia-, y la naturaleza en Sinaloa es la de Salvador Herrera: http://www.unmundomagico.com.mx/.

La página trasciende su intención turística porque ofrece a sus visitantes una mirada más profunda que la oficial o la comercial, lo que nos permite descubrir el llamado Sinaloa ancestral, desde los tepehuanes de Escuinapa y los yoremes de El Fuerte, hasta el rostro también contemporáneo del mestizaje con toda la riqueza arquitectónica y culinaria que trajo a estas tierras. Las fotos de la naturaleza y las categorizadas por municipio resultan, al menos, inesperadas para quienes no habitan el Estado, y explican en parte por qué Salvador Herrera dejó su lugar de origen para quedarse a vivir en este Sinaloa profundo.


Salvador Herrera estudió fotografía profesional y dramaturgia en la ciudad de México donde, trabajando la cámara fija en Televisa y en el periódico Reforma, cubrió sucesos como la erupción del Popocatépetl o la caravana zapatista del 2000. En su acervo particular figuran fotografías tomadas a Jaime Sabines, Manuel Álvarez Bravo, Gabriel Figueroa, Walter Rewter, Gabriel García Márquez, Rigoberta Menchú, José Luis Cuevas, Juan Soriano, y otros. Su obra se despliega en conferencias, libros (el fantástico Sinaloa, corredor del sol), y exposiciones (El Callejón de la Luz en Mazatlán), que le han permitido gran reconocimiento. Es también autor de la siguiente señorial fotografía que sirvió de portada para el CD ‘Asómate a mi alma’ de Elisa Pérez Meza.

martes, 29 de julio de 2008

Paolo y Francesca



“Paolo, tu culpa romancesca
Viene a mi espíritu, Francesca,
unida siempre a Paolo vas,
Impúlsanos funambulesca
Ronda, más vivo, mucho más…”


Los versos forman parte de un poema que conocí a través de una canción de Elisa Pérez Meza titulada Valsemos. En ellos Amado Nervo retrata el vértigo del vals, la vorágine del baile, a través del amor furtivo que llevó al Infierno a Paolo y Francesca.



En el siglo XIII dos familias italianas estuvieron en guerra: la familia Polenta de Ravena y la familia Malatesta de Rimini. La paz fue firmada con un acuerdo de matrimonio entre Francesca da Polenta y Gianciotto Malatesta. Sin embargo, temiendo que Francesca rechazara el matrimonio, los Malatesta ocultaron la fealdad y deformidad de Gianciotto enviando a su hermano menor, Paolo, a tratar los asuntos del matrimonio. De esta manera Francesca se casó a los 16 años con el contrahecho Gianciotto creyendo que su marido sería el bello, joven, culto, valeroso y cortés Paolo.



Las versiones sobre la muerte de los amantes difieren mucho: según Dante Alighieri, Paolo y Francesca fueron arrastrados al infierno por adúlteros y condenados a mirarse eternamente sin llegar a tocarse. Según la tradición perpetuada en diversas obras pictóricas, fue un apasionado beso entre Paolo y Francesca lo que propició que loco de celos Gianciotto los matara. Hay un cuento de Leopoldo Lugones que advierte que los amantes no tuvieron ningún contacto físico. Como el perverso Gianciotto sabía que se amaban, se divertía viéndolos sufrir. A los 26 años de edad, Francesca todavía era frecuentada por Paolo que se reunía con ella a leer vidas de santos, pero leyendo en aquella ocasión una obra galante, “su decenio de padecer clamaba por una hora de dicha”. Fue entonces cuando, admirando un paisaje lunar, con el libro uniendo sus rodillas y aproximando sus rostros “hasta producir ese rozamiento de cabellos cuya vaguedad eléctrica inicia el vértigo de la tentación”, se encontraron juntos en el llanto. Así los encontró Gianciotto horas después y les partió el corazón.



El caso es que a lo largo de los siglos la tragedia de Francesca y Paolo siguió nutriendo la imaginación de los artistas. Dante los eternizó en el canto V del Infierno en La Divina Comedia. Ingres pintó a los amantes en 1846; Rosetti lo hizo en 1855 con una acuarela en tres partes que muestra a la izquierda el momento del beso, al centro a Dante y a Virgilio y a la derecha el momento en que son arrastrados al infierno. Gustave Doré dibuja a Francesca en 1857. Rodin crea su obra cumbre, El Beso, en 1888 pensando originalmente en los famosos amantes. Y Amado Nervo los recupera en un texto sin nombre contenido en su poemario Perlas Negras, que fue escrito en Mazatlán a principios del siglo XX.

sábado, 3 de mayo de 2008

Elisa Pérez Meza y Ferrusquilla cantan juntos


Quiero regalar a mis lectores esta foto, que es verdaderamente de antología. En ella el maestro José Ángel Espinoza 'Ferrusquilla' y la trovadora Elisa Pérez Meza están ante los micrófonos del Studio 21 en Mazatlán cantando ‘Échame a mi la culpa’. Se trata del tema más conocido de ‘Ferrusquilla’, una canción que cantaron mis padres, que yo escuché después con Albert Hammond y con Mari Trini y que conocen las nuevas generaciones a través de Luis Miguel.

Cuando Elisa estaba preparando la grabación de su más reciente CD, Asómate a mi alma, pidió al maestro ‘Ferrusquilla’ que la acompañara en algunas canciones y el 18 de junio de 2007 se dio el encuentro en el Estudio 21 de Mazatlán. Lamentablemente don José Ángel tenía una tos insistente, pero fue tal su emoción al escuchar lo que ya había sido grabado, que hasta olvidó su enfermedad y cantó con Elisa las tres canciones de su autoría que incluye el disco: Cariño Nuevo, Seis Años y Échame a mí la culpa.

El director de Claroscuro Producciones, Aramís Franco, grabó las imágenes del histórico encuentro y le propuso a Elisa elaborar un video. Así surgió ‘Échame a mí la culpa’, que reúne el talento de Elisa Pérez Meza y el de don José Ángel Espinoza ‘Ferrusquilla’, recreando ambos las circunstancias que permitieron su dúo musical. De esta manera, el público que ha disfrutado la voz de Elisa en otras grabaciones y que ha seguido la inspiración de Ferrusquilla a lo largo de los años, podrá ahora escucharlos y verlos juntos.


Por cierto, Elisa Pérez Meza se presentará hoy en el Teatro Ángela Peralta y está confirmada la presencia de don José Ángel Espinoza durante el recital. Él asiste como espectador pero ¿quién sabe? Nadie puede descartar un 'palomazo'. Video promocional en youtube: http://es.youtube.com/watch?v=LZFbbl4FPuw

viernes, 7 de diciembre de 2007

Pasión y entrega


De Mónica Osuna tengo muchos recuerdos gratos. La conocí como amiga de Emmanuel Delgadillo y empaticé de inmediato con su alegría de vivir y su don de gentes. Luego tuve oportunidad de seguir parte de su carrera cuando fue integrante de la Orquesta Sinaloa de las Artes bajo la dirección de Gordon Campbell y estuve también como espectador cuando acompañó a José Carreras en el Teatro Pablo de Villavicencio en Culiacán. Cuando actúa su Orquesta de Cuerdas, el público que invade las iglesias en Mazatlán no le permite retirarse y la hace repetir el Concierto Grosso de Ceminiani, las Danzas Rumanas de Bartok, el Adagio de Albinoni o el Huapango de Moncayo.



Tuve un mayor acercamiento con Mónica cuando hizo para Elisa Pérez Meza el solo de violín en la canción Valsemos, con letra de Amado Nervo, dentro del CD Poetas en Olas Altas. Luego Mónica integró a su repertorio canciones como Vienes a mí y ¿Quién me compra una naranja?, para acompañar a Elisa en el Teatro Angela Peralta, y después el Paisaje en fuga, un potpurrí con valses de Alfonso Esparza Oteo, que interpretaron ambas durante una función privada.


Mónica Osuna estudia música desde los diez años de edad y posee lo que entre músicos se conoce como ‘oído absoluto’, que es la capacidad para distinguir de inmediato cualquier nota y captar, por consiguiente, la más mínima desafinación. Gracias a una beca del director de orquesta Fernando Lozano perfecciona su conocimiento del violín con la maestra Natalia Gvozdestkaia y en 1996 es elegida para presentar, en estreno mundial en el Palacio de Bellas Artes, el solo de violín de la obra Popol Vuh de Eugene Toussaint.


Entre las pasiones de Mónica están, además del violín, sus dos pequeños hijos y su esposo Germán. Divide su día entre ellos, las clases de música que imparte y la dirección de la Orquesta de Cuerdas del Centro Municipal de Artes, lugar donde prodiga su talento. Quienes siguen su trayectoria podrán disfrutar muy pronto de la magia que imprime a sus interpretaciones cuando escuchen los boleros que integrarán la más reciente grabación de Elisa Pérez Meza.

viernes, 9 de noviembre de 2007

Ritmo y creación


Conocí a Ricardo Montes gracias a que Jesús Antero García lo invitó a participar en la grabación de Poetas en Olas Altas, con Elisa Pérez Meza. El solo de bongó que se escucha en Y se alegra el mar, poema de José Gorostiza con música de este bloguero, es precisamente de Ricardo. Después de eso he disfrutado de su trabajo en diferentes ensambles, en el Teatro Antonio Haas, al lado de la Orquesta Sinfónica Sinaloa de las Artes, con la Falsa Orquesta Cubana Sazón e incluso en el Studio 21 durante la grabación de los boleros sinaloenses que integran el futuro disco de Elisa.



Recién me encontré a Ricardo en un concierto de la Orquesta de Cuerdas de Mónica Osuna donde acompañó con sus percusiones las Danzas Folklóricas Rumanas de Bela Bartok. Y al término de la presentación conversamos sobre su bebé que nació hace apenas unos meses y sobre su reciente viaje a Estados Unidos, donde participó en la Convención 2007 de la Sociedad Internacional de Instrumentos de Percusión (PASIC).

Ricardo Montes Silva nació en la ciudad de México y estudió en la Escuela Nacional de Música de la UNAM. Ha tomado cursos particulares con prestigiados percusionistas y ha tocado al lado de distintas agrupaciones como la Banda Sinfónica de St. Cloud, Minesota, la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes y otras. Fue maestro de la Orquesta Sinfónica Infantil de México y actualmente trabaja en el Centro Municipal de Artes de Mazatlán.


Parte de su labor ha sido la investigación de sonidos, instrumentos y tradiciones musicales prehispánicas, actividad que realiza con David López dentro del dúo Tunkul. Para su participación en PASIC 2007 llevó una clínica-concierto sobre origen y evolución de los instrumentos prehispánicos en México, la forma de tocarlos y sus usos sociales. Cualquier lector interesado en el tema puede encontrar más información en http://www.tunkul.com.mx/.

martes, 30 de octubre de 2007

Los clavos de Cristo



Al leer el blog de mi amigo Ruy Alfonso Franco me topé con la letra de una canción que escribí como tema para su película Los Clavos de Cristo, realizada en el 2001. Como entonces me concreté a leer el guión, a hacer la música y a grabarla, viví muy de lejos las tribulaciones de un equipo de producción que tuvo que aferrarse con las uñas a ínfimos maderos para mantenerse a flote. Sin embargo he estado en situaciones similares y sé qué se siente cuando faltan dinero, y equipo técnico, y no se ve el final, y se va desgastando la energía humana hasta que se vuelve asunto de dignidad alcanzar el objetivo, y se llega a límites que hacen dudar de la posibilidad de emprender de nuevo empresas similares.

Ahora me da gusto ver de nuevo a Ruy Alfonso en su medio, acompañando a su hijo Aramis en la aventura de hacer cine a través de la Escuela de Ciencias Sociales de la UAS. Recién revisé de nuevo la página Otro rincón claroscuro -en la que antes me había perdido debido a una organización extraña de los vínculos- y vi un documental dirigido por Ruy sobre la producción de la película Así perdono. El documental está en http://www.afranco.es.tl/Ruy-Alfonso-Franco.htm, y durante los últimos cinco minutos lo podemos escuchar hablando de su experiencia como profesor de cine.


De Los Clavos de Cristo no tengo fotos. Algunas imágenes de este post fueron tomadas del ya citado blog de Ruy Alfonso (http://infidenciaslacolumna.blogspot.com/), que pronto añadiré a mi lista de páginas favoritas para que mis lectores aprecien con regularidad los textos y dibujos de un bloguero que quita el prefijo a lo confidencial y escribe para sí al otro que lo escucha muy adentro. Por lo pronto, dejo la letra de la canción que da pie a este escrito para que ustedes la destrocen con saña y a ritmo de pop rock. La interpretó Rafael Rodríguez acompañándose con la misma guitarra que empleó para grabar con Elisa Pérez Meza otras canciones de la misma película: ¿Por qué? y El blues de las margaritas.



Cabalgando por mares
Despejados y azules
Estrechando ansiedades
Bajo un cielo sin nubes,
Palpando los lamentos
De la noche
Que abre muslos de sombra
Y se enreda en la piel

Ay, dónde te encontraré,
Convexo es el cristal,
Mis manos de papel

Ay, cuando te encontraré
Si el tiempo en el reloj
Es nunca y es tal vez…

miércoles, 17 de octubre de 2007

La geometría del tiempo


Cuando en agosto de 2001 Pablo Martínez Corpus me invitó a inaugurar una exposición suya en el Museo de Arte de Mazatlán me topé con pinturas totalmente distintas a las que esperaba. Intenté comprender el brusco viraje de su obra a partir de una idea central: todos mantenemos nuestra identidad y sin embargo todos cambiamos. ¿Qué, en esta serie de cuadros, se mantiene del Martínez Corpus que yo conocía?, me pregunté. ¿Cómo enlazar conceptualmente la pintura anterior de Pablo, los juegos geométricos, con estas imágenes primitivistas, con estos mundos primigenios, con esta euforia nueva por la representación originaria?


La solución la encontré en un intelectual que entre los franceses es conocido como ‘el filósofo de la velocidad’: Paul Virilio. Y retomé un breve párrafo de este autor para decir: En esta exposición la geometría anterior de Corpus permanece, pero bajo formas más aventuradas que trascienden el espacio para conformar una geometría del tiempo, que sólo admite como perspectiva la vista aérea y el distanciamiento conceptual, o los ensambles de luz inscritos “ya no en un tiempo cronológico pasado-presente-futuro” como dice Virilio, sino “en el tiempo cronoscópico; subexpuesto-expuesto-sobreexpuesto”.

Crear el concepto 'geometría del tiempo' me permitió explicar por qué en el nuevo Corpus había un Homenaje a Tamayo cuya estable composición era simbólicamente tan veloz que congelaba y fosilizaba la tecnología, sumiéndonos en el vértigo del presente. En los nuevos cuadros había además un teléfono que se volvía rupestre y conducía aceleradamente el hoy a la gélida espiral de los mitos primitivos. Una ciudad de acerado origami que flotaba sobre barbaries paleozoicas de petróleo y sangre. Divisiones tajantes y horizontales que conformaban planos de tierra y cosmos, placas sedimentadas de humus y aluvión, espacios sucesivos de atardecer y polvo de estrellas, de fuego y luz.
Nuevos materiales se desplegaban al servicio de la intención del pintor -el ixtle, el pabilo, la marmolina, las tierras y los acrílicos-, para nombrar con asombro primario la espiral procreadora del sexo, la madeja deshilvanada del placer que abre unos labios vaginales, el movimiento animal de un pene que desenreda la unidad de la vida. En esa Zona Indómita (ver el cuadro con que inicia este post) se debatía la orografía femenina entre una constelación de signos terrestres que matizaban su animalidad para hacer surgir insospechados erotismos: espirales ocres abiertas al tacto, remembranzas fálicas y lúdicas, promesas de procreación, escaleras.


Aquí surgía también el trazo ancestral del Heloderma y de toda una fauna prehistórica representada con el goce de la erección originaria en desiertos grises de piel sedienta o en paredes de textura orgánica.


¿Cuánto hay de Pablo y cuánto de su padre en el Autorretrato (derecha)? Una enigmática figura, un malabarista de la representación -como don Aquino Martínez o como el mismo Pablo-, nos invoca con el poder mágico de los signos para regresarnos a los significados esenciales de la historia, a la unidad perdida del yo, al irrenunciable enigma del mundo. Se trata de un lúdico personaje que apresa el todo con tacto exaltado y con el corazón vaginal ligado al pueblo y a la tierra. La figura que lo representa es todo manos, toda creación, y nos recuerda las palabras de Fisher cuando define al artista como ‘el brujo supremo’.
Quisiera decir mucho más de Pablo Martínez Corpus con quien me enlaza una amistad de años, pero ante todo espero con ansia ver sus nuevas creaciones. Por el momento dejo para apreciación de mis lectores un cuadro de la serie La Tambora Sinaloense que obtuvo mención honorífica en el Premio de Pintura Antonio López Saenz, y adornó la contraportada del CD de Elisa Pérez Meza ‘Recordando al Trovador’.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Pasión por la guitarra

Tengo mucho que decir de Emmanuel Delgadillo pero primero quiero felicitarlo. Hoy leí acerca de su joven trayectoria en la edición impresa del periódico Noroeste, y seguramente muchos disfrutarán de sus interpretaciones en la página http://www.noroeste.com/talentos/emanuel_delgadillo/index.htm, a la que remite el periódico. Emmanuel es apasionado hasta el delirio por sus novias, ingenioso y de sonrisa fácil ante la ‘carrilla’ a que lo sometemos sus amigos –siempre y cuando nos considere sus amigos-, reflexivo y entregado cuando se trata de música. Pero también es capaz de dañar cualquier foto agregándole a uno cuernos, como lo hace aquí con Jesús Antero García.

Con Emmanuel he tenido una convivencia plagada de buenos ratos y anécdotas: cuando Elisa Pérez Meza iba a cantar durante el centenario de la ciudad de Los Mochis, hicimos el camino jugando ajedrez desde Culiacán; un día, después de una presentación de Elisa en el Museo de Artes Populares, caminamos hasta el cansancio por las calles de Guadalajara buscando puros cubanos por los que entonces él tenía fijación; cuando Elisa presentó el recital Hermana Cuba durante la Feliart Mazatlán, Emmanuel, emocionado, recibió la ovación del público haciendo lo que casi ningún músico hace: dejar de tocar. La siguiente foto la tomé durante un bloqueo carretero en que tuvimos que caminar algunos kilómetros hasta el punto del conflicto para tomar dos taxis que atendieron nuestra llamada desde un celular.

Emmanuel ha sido, además de gran amigo, un músico sensible a mi intención. Por ejemplo, cuando adapté música a Para las muertes de Oscar Liera, la vistió con un trémolo que ahonda el carácter trágico-meditativo de la melodía, ensamblada ya al texto. Y creó un arreglo elegante pero de apariencia sencilla a la adaptación musical que hice para el desgarrado amor de Gilberto Owen en Madrigal por Medusa.

Aunque lo veo continuamente –en ensayos, en la cabina de grabación, en las presentaciones a las que puedo asistir, en reuniones de amigos-, aunque apenas hace dos días estuvimos en casa con su novia Solymar, me dio gusto leer la entrevista y, por lo pronto, aprovecho mi rincón para felicitarlo.