viernes, 21 de enero de 2011

Lilia Carrillo (1)

"Lilia Carrillo es esencialmente una pintora lírica. Sus cuadros se colocan de manera natural dentro de ese grupo de obras cuya esencia poética, siempre más cercana al terreno del canto que al del concepto, escapa a todo intento de interpretación". Juan García Ponce.


Lilia Carrillo nació el 2 de noviembre de 1930 en la ciudad de México, dentro de una familia que gustaba del ambiente intelectual. Desde su infancia se inclinó por la pintura y con el tiempo formaría parte de una generación que rompió con los estereotipos formales del arte figurativo y con los temáticos de la "Escuela Mexicana de Pintura". Su obra, catalogada como informalismo abstracto, no partía del dibujo sino del lienzo en blanco, a partir del cual iba bosquejando los trazos según lo dictaban sus sensaciones y angustias existenciales.



A los 17 años de edad ingresó a La Esmeralda, donde fueron sus maestros Carlos Orozco Romero, Antonio Ruiz, Pablo O'Higgins, Agustín Lazo y Federico Cantú. Se graduó cuatro años después, en 1951, con excelentes augurios de un amigo de la familia, Juan Soriano, quien la incitó a seguir estudiando.



Por esos días, el filósofo Ricardo Guerra propone matrimonio a la escritora Rosario Castellanos, pero se casa con Lilia. La pareja sale a París en 1953, cuando Lilia ya está embarazada, y en Francia nace Ricardo. Es en esa época cuando surgen las principales determinantes en la pintura de Lilia: una de ellas fue su interés por Sartre, Camus y Simone de Beauvoir, principales representantes del existencialismo aún en boga. La otra fueron sus estudios en la Academia de la Grande Chaumière de París entre 1953 y 1955, donde se relacionó con pintores de la vanguardia europea y con corrientes como el postcubismo y el automatismo surrealista.




Esos tres años en París conformaron además una vida interior que Lilia supo expresar en su pintura posterior, mezcla de automatismo, abstracción lírica e informalismo. Durante esos años participó en exposiciones, se divorció de Ricardo Guerra y conoció en la Maison du Mexique a un pintor zacatecano amante de la vanguardia y recién llegado a Francia: Manuel Felguérez, quien más tarde sería su esposo.

jueves, 8 de julio de 2010

Tres cuadros clave



No sé mucho de pintura, pero me gustaría comentar tres cuadros que para mí fueron clave en comprender a Picasso. El primero es una imagen con la que me topé casualmente y que me llamó la atención por no ajustarse bien al esquema que tenía del pintor. Se trata de Últimos momentos, un pastel que se encuentra en el Museo Picasso en Barcelona. El cuadro se presentó por primera vez en el Pabellón Español de la Exposición Universal de París en 1900, cuando Picasso todavía era Pablo Ruiz. Iba con su amigo Carles Casagemas con quien estuvo en París todo el otoño.



Después di con otro cuadro del mismo autor pintado el mismo año. Se trata de Le Moulin de la Galette (Museo Guggenheim), considerado el primer óleo “propiamente parisino” de Picasso. Fue realizado durante ese primer viaje a París, y representa el primer contacto directo del pintor con la vanguardia, los boulevares y la vida nocturna de la ciudad. Si se fijan bien, el cuadro es muy Tolouse Lautrec, y tiene mucha influencia de los impresionistas.

Picasso vuelve a Madrid en diciembre y un mes después su amigo Casagemas se suicida en París. Es en esa época cuando empieza a firmar sus cuadros con el apellido de su madre que le recuerda la sonoridad de Matisse, Poussin y Rousseau. Después vive en Barcelona su llamada ‘época azul’, influenciado por el simbolismo de Baudelaire, Rimbaud y Verlaine, por la muerte de Casagemas, la amistad de Max Jacob y el expresionismo alemán. Desde allí visita continuamente la capital francesa hasta que se establece definitivamente en París en 1904.



El tercer cuadro que quiero comentar es La familia de saltimbanquis pintado por Picasso en 1905, ya establecido en Montmartre. Los saltimbanquis tomaban las plazas de París los domingos. En el cuadro está un acróbata y un arlequín conversando, una niña que ve las flores de su canasta, un malabarista cargando un tambo y un niño. No hay un centro, pero la estructura y las miradas confluyen todas en una mujer de sombrero que parece ajena a todo. La pintura tiene mucha influencia impresionista y según Rilke es el más bello de los Picassos por su temática tan parisina. Con este cuadro Picasso empieza a transitar suavemente hacia lo que se conoce como época rosa.

domingo, 11 de enero de 2009

Lo que fue sagrado


No es para el turista culto que se está llenado de lucecitas a Teotihuacan. Es para el turista snob, el que se aburre ante las películas que no tienen muchos efectos especiales y “mucha acción”, el que ama Las Vegas porque ese es su modelo de status, el que busca experiencias “super” que llenen de emociones su mundo hueco de historia.

El resultado es kisch, pero ellos no lo ven así porque su lógica es: si no tiene oro hay que pintarlo de dorado. Y no es por sagrado que tiene que brillar sino porque se busca despertar muchos ‘oooohh’ y ‘aaaahhh’ de sorpresa. El objetivo no es conocer la herencia indígena sino decir que ésta es mucho más espectacular que la mayoría de los circos.

No podría decir que dios los hace -porque soy ateo-, pero sí puedo afirmar que ellos se juntan. Los mercaderes y los consumistas están de nuevo prestos a reunirse en torno al oropel para despreciar en comunión a los indios y adorar juntos al dios del dinero.

lunes, 13 de octubre de 2008

La tristeza

Carlos Bousoño



Tal vez el mundo sea bello
cuando el sol claro lo ilumina,
pero yo sé que hay hombres tristes
como la lluvia gris y fría.
Yo sé que hay hombres sobre cuyas almas
pasó de Dios quizá la sombra un día.
Pasó, y hoy queda sólo ausencia
en donde la tristeza brilla.

Hombres tristes en todos los caminos
con la tristeza pensativa.

Tal vez la aurora sea pura,
el aire delicado, claro el día.
Mas muchos hombres hay como la lluvia
oscura e infinita.

Escúchame, Señor. Mi voz hoy sólo
tiene palabras de melancolía.
Sobre la tarde inmensa cae la lluvia
monótona, fría.



Llegué a Carlos Bousoño después de leer su Teoría de la Expresión Poética, un estudio que equipara la poesía a la comunicación y analiza por qué nos emocionan las metáforas. Al principio creí que se trataba de un autor fallecido (compré el volumen en una librería de usados y data de 1952) pero al buscar su biografía me enteré de que es profesor emérito en la Universidad Complutense, donde por muchos años fue votado como el mejor profesor. Bousoño nació el 9 de mayo de 1923 en Boas, Asturias y vivió en Oviedo hasta los 20 años cuando, tras el exilio de su padre a México, se traslada a Madrid para completar sus estudios de Filosofía y Letras. Tras doctorarse en 1949 publicó exitosamente su tesis, el mejor estudio que se ha realizado hasta hoy sobre Vicente Aleixandre. Carlos Bousoño fue profesor en las universidades de Wellesley, Smith, Vanderbilt, Middlebury, New York y en la Universidad Complutense de Madrid. Es miembro de la Real Academia Española y doctor Honoris Causa por la Universidad de Turín. Es autor de 16 poemarios –que espero leer algún día- y de 7 ensayos por los que recibió diversos premios de literatura, crítica y letras, entre ellos el Premio Príncipe de Asturias.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

De jubilación, neoliberalismo y tormentas bursátiles


Gracias a los gobiernos neoliberales, de Salinas a Calderón, la jubilación de los trabajadores es hoy un flamante negocio privado. Contra los antiguos regímenes de solidaridad, donde un fondo colectivo servía a todos los trabajadores y al bien común en centros vacacionales, guarderías etc., los asegurados del IMSS y luego los del ISSSTE fueron enviados al esquema de las Afores, donde cada trabajador tiene su monto individual –¿quién lo disfrutará una vez que haya muerto?- colocado en los centros de especulación bursátil por administradores que se llevan la tajada grande. Por eso uno de los titulares de La Jornada dice hoy que en vez de ganar, los fondos de pensión en conjunto han perdido 63 mil 500 millones en los últimos seis meses.



Muchos jubilados de Estados Unidos ya vieron esfumadas sus pensiones con la caída de Emron, pero ahora son los ciudadanos todos quienes están presenciado el estrepitoso derrumbe del orgulloso y fatuo modelo neoliberal. Primero Mr. Bush dijo que se ocupaban 100 mil millones de dólares para ‘rescatar’ a los bancos que, juguetones, habían especulado con dinero contable, esto es, inexistente, generando la impresión de gran bonanza. Lo trágico es que ahora habla de un rescate, probablemente insuficiente, de ¡700 mil millones de dólares! que, como el Fobaproa, deberán pagar los ciudadanos estadounidenses para futura pobreza de todos. Dinero para salvar ricos, pues, tomado del bolsillo de los ciudadanos. Cuando México hizo lo mismo dejó de invertir en educación y en salud, porque las ganancias del petróleo hace tiempo se destinan a mantener burocracias, enriquecer corrupciones y a otorgar ‘estímulos fiscales’ a las grandes empresas.



Según el neoliberalismo, las empresas deben regirse por el ‘libre mercado’ y la función del Estado es reducirse al mínimo. Los presidentes mexicanos han sido muy obedientes (por eso hay un loco que cuerdamente les llama peleles) y han seguido todas las falsas recetas de ‘crecimiento económico’ que dictan los gringos. Por eso hoy el gobierno mexicano no garantiza nada: solamente que habrá soldados y policías en cada esquina para sembrar miedo en quienes no creemos en Calderón y sus buenas intenciones. ¿O de veras creen mis lectores que la finalidad de la fuerza bruta legal es acabar con el narcotráfico?


Estados Unidos está viendo caer su modelo en un momento excelente porque, los que juran que el petróleo en manos privadas dará riqueza al país, son los mismos que creen que los bancos privados pueden especular y al mismo tiempo ser autofinanciables, los que piensan que no hace falta apoyar al campo y es preferible importar semillas transgénicas, los que sostienen que la salud es un asunto particular sin importar el conjunto del país, o los que juran que la educación es una mercancía que debe generar ingresos en vez de producir civilización. Se trata de una verdadera crisis: terrible por sus devastadoras consecuencias y a la vez oportuna porque produce posibilidades de regeneración que ojalá sepamos aprovechar.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Educación cívica sin civismo


Con la firma del acuerdo que dio lugar a la Comunidad Económica Europea (CEE), las fronteras entre los países se abrieron y se advirtió que los niños europeos debían fortalecer sus convicciones democráticas para llegar a ser ciudadanos de su comunidad, de su país, de Europa y de un mundo realmente globalizado. Mientras la educación cívica desaparecía en México, en otros países se robustecía y los libros de texto enseñaban las nuevas realidades para un nuevo ciudadano.


En México no sucedió así porque el Tratado de Libre Comercio (TLC) era un asunto diferente: la frontera con Estados Unidos, en vez de abrirse, se cerró con bardas, patrullas y más requisitos legales. Ni siquiera hubo una verdadera apertura comercial: Estados Unidos monopolizó el comercio de granos, nos avasalló con transgénicos y chatarra, y a cambio cerró su frontera, cada que quiso, a los productos mexicanos.



Desde la perspectiva neoliberal, los niños mexicanos ya no necesitaban formación cívica: la globalización había llegado y su destino era ser consumidores más que ciudadanos. No debían cuestionar su condición: los homenajes patrios eran el mejor camino para mantenerlos ordenados, sumisos (“niños eternos separados por la distancia del brazo y por el ‘guarden silencio’), y dispuestos a escuchar discursos políticos sin significado. Estaban obligados a seguir siendo mexicanos sin ser ciudadanos, ni de su país ni del mundo.




Es inútil enseñar historia
, dijeron los tecnócratas, y se acabó el conocimiento de las culturas prehispánicas. Hay que fortalecer las competencias básicas –dijeron-, aritmética para ser buenos trabajadores y escribir para firmar pagarés bancarios. Más aún, hay que entrenar a los niños para llenar bolitas en los exámenes porque la globalización económica no necesita poetas ni literatos. La educación cívica tampoco es necesaria –dijeron-, y desaparecieron los libros de civismo pero se mantuvo la apatía ciudadana con muchos homenajes patrios en los que la bandera era transportada por soldados mientras México se ponía en venta: ferrocarriles, teléfonos, carreteras, líneas aéreas, bancos, educación.

Las nociones de justicia social y solidaridad se volvieron anticuadas porque las nuevas virtudes eran la ganancia, la competencia y la productividad. Los corruptos y los millonarios se volvieron más corruptos y millonarios. Los pobres y las clases medias cayeron en la miseria económica e ideológica soportando, golpe tras golpe, inflaciones, fobaproas, afores, desempleos, militarización creciente y nuevos impuestos.


Hoy que después de un descarado fraude electoral regresa la educación cívica a las escuelas primarias, me gustaría creer que se preparará a los niños para construir racionalmente sus convicciones y para defenderlas con su país. Sin embargo la formación ética requiere del ejemplo y hay todavía mucha Elba Esther en los maestros, mucho Durazo en los policías, mucha Vázquez Mota en los administradores y mucho Calderón en los políticos. Resulta ilógico en estas condiciones pensar que la sumisión, el cinismo y la corrupción retrocederán con un simple texto de educación cívica, destinado a recitarse en los nuevos homenajes a la patria.

martes, 9 de septiembre de 2008

Quiero dormir

Alfonsina Storni

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados..

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara en la cabecera;
una constelación, la que te guste;
todas son buenas, bájala un poquito..

Déjame sola; oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides.

Gracias... Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido.


‘Quiero dormir’ fue enviado al diario La Nación de Argentina el mismo día en que su autora, Alfonsina Storni, se suicidó. Hija de un industrial cervecero, Alfonsina nació en Suiza en 1892. Tenía cuatro años de edad cuando su familia, en estado de miseria, se traslada a Argentina. Para sobrevivir Paulina Martignoni, su madre, abre una pequeña escuela y después una cafetería. Pero cuando se casa de nuevo, Alfonsina viaja a Coronda y trabaja como costurera, lavaplatos, cajera, prefecta en una escuela y actriz en una compañía de teatro a fin de pagar sus estudios como maestra. Después de obtener el título y al tiempo que ejerce la docencia, Alfonsina publica sus primeras poesías y obtiene de inmediato el reconocimiento del mundo literario. En 1912 nace su hijo Alejandro lo cual la sume de nuevo en problemas económicos. A pesar de eso publica su segundo libro y, madre soltera, empieza a defender la causa feminista. Titular de la Cátedra de Teatro Infantil Albarden en la Universidad de Montevideo, profesora de lectura y declamación en la Escuela Nacional de Lenguas Vivas, Alfonsina viaja a Europa en 1930 y 1934 tras lo cual se le descubre un tumor en el pecho. Al ser operada, sus depresiones y neurosis se acrecientan. Incapaz de enfrentar el cáncer terminal se recluye y evita a sus amistades hasta que en 1938 se suicida en la playa de La Perla, en Mar del Plata.
En la obra de Alfonsina Storni destacan los poemarios La inquietud del rosal (1916), El dulce daño (1918), Irremediablemente (1919), Languidez (1920), Ocre (1925), Mundo de siete pozos (1934), Mascarilla y trébol (1938) y más de una decena de obras de teatro. Inspirados en su último poema y en el trágico suicidio, Ariel Ramírez y Félix Luna crearon la canción Alfonsina y el mar.