lunes, 15 de octubre de 2007

Juegos geométricos


Después de una ajetreada semana, reinicio con la inquietante imagen de 'Mi maestra de tercer grado', cuadro en técnica mixta de mi amigo Pablo Martínez Corpus. Conocí a Pablo 13 años después de su arribo a Mazatlán. Al principio era para mí un maestro de educación especial al que estaba entrevistando para saber de su práctica docente. Pero gradualmente Pablo fue descubriendo ante mis ojos su verdadera razón de vivir: la pintura.

1999 era un año de transición en su obra. Los juegos geométricos habían sido por mucho tiempo su constante como lo atestiguan sus cuadros de esa época. Formas elementales surgidas del dibujo técnico, el estructuralismo y la pintura de Vasarely, daban lugar a sensualidades impensables en un hexágono o un rombo. Juan José Rodríguez decía entonces: “Corpus asume el reto de buscar erotismo en la línea recta”. Y era verdad. Mundos simbólicos provenientes de la gestalt y el psicoanálisis, trabajados en términos matemático-pictóricos, generaban problemas y riesgos que Pablo resolvía mediante composiciones lúdico-eróticas particulares.

Sin embargo, cuando el EZLN dio a conocer sus demandas en el sur de México, surgió la serie Los Desplazados, que abandonó el erotismo para asumir como propio e interno el mundo exterior, el de la lucha contra la injusticia social. En esta etapa Pablo Martínez siguió incluyendo figurativismo, naif y aventuradas exploraciones extrapictóricas en el origami, el bordado y los fotomontajes.


Luego llegó a sus cuadros la tradición de La Banda Sinaloense. Y los lenguajes estructurales sirvieron para representar el vivo estruendo de una música, cercana a la natal Oaxaca del pintor pero muy lejos del misticismo sureño. La Banda de Sinaloa ya era para entonces una mezcla de mercadotecnia y regionalismo ramplón, aunque había conquistado los mercados naturales en Estados Unidos y se alzaba económicamente poderosa.



En fin, cuando conocí a Pablo la geometría constructiva daba vida a sus ideas acompañada de nuevos materiales y nuevas concesiones: Tamayo, Toledo y Matisse orientaban sus excursiones dando lugar a sentidos particulares, propios de una subjetividad enriquecida en signos múltiples.


Pablo Martínez Corpus nació el 5 de octubre de 1963 en la ciudad de Oaxaca. Como él mismo afirma, creció en un paraíso pictórico, pues a los cinco años dormía en un cuarto en el que su padre "había pintado un árbol de la vida, así que convivía con Adanes y Evas”. De don Aquino Martínez, Pablo guarda recuerdos que marcan su trabajo: “Los amigos de mi padre vivían intensamente el movimiento hippie: pintaban de una manera psicodélica aunque otros preferían el cubismo o el surrealismo. Ninguno tenía tendencia clásica y creo que esas imágenes aún siguen en mí”.

1 comentario:

Ruy Alfonso Franco dijo...

Ándale Hernando, ahora sí me dejaste de a seis con tu reseña sobre el trabajo de Pablo Martínez Corpus, a quien conozco también por la admiración que Víctor Higadera le tiene y ahora veo a través tuyo su obra que me resulta harto atrayente.

¿Sabes?, me da mucho gusto leer sobre lo que se está haciendo en Mazatlán (Sinaloa), aunque Pablo no sea sinaloense --ni falta que hace-- pero parte de su trabajo lo ha hecho aquí. Y me da más gusto porque en los medios locales, a no ser lo que estrictamente se publica por aperturas, inauguraciones o presentaciones de algo, no se vuelve a hablar del artista-escritor-videasta-pintor-etc., y si da la casualidad de que éste no presenta obra pues está amolado poque nadie hablará de él.

Además, salvo Héctor Guardado que se presenta como el Todólogo por excelencia --pues igual habla de arquitectura como de art decó para este otoño invierno, como de ópera o danza, pintura o cine-- y de Víctor Higadera que hace un trabajo más decoroso por modesto en la reseña de la plástica, no hay quién más hable sobre esto. Y creo que, en general, sobre nada, pues hacen falta en Mazatlán especialistas en cine, literatura, música, teatro, etc. y aun cuando algunos hemos ejercido el oficio en torno a alguna de estas artes, es obvio que la ausencia de remuneración al periodista especializado hace mella en éste abandonando tarde que temprano la encomienda. Los que se animan lo hacen estrictamente por amor al arte, pero esperamos de ellos tanta inconsitencia como ánimo tengan para realizar sus comentarios.

Por eso me da mucho gusto que hables sobre lo que se está haciendo aquí y de los artistas locales, y no tanto sobre el Cid y sus andanzas (que según Guillermo Farber, el de Buhadera, fue un mercenario vendido al mejor postor en aquello de la guerra a favor o en contra de moros o castizos).

Por cierto, me encantó tu anterior contribución sobre poesía.

Caray, estuvo sabroso este artículo, de veras.